La Confederación Española de Pesca (Cepesca) lleva meses alertando sobre el continuo descenso en el consumo de productos pesqueros en los hogares españoles. De hecho, y de acuerdo con los últimos datos hechos públicos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en 2022 ha sufrido una nueva contracción del 15,6%, situándose en 19,9 kg por persona y año frente a los 22,72 kg de 2021.

El volumen de pescado consumido en España ha caído así al nivel más bajo de toda la serie histórica, con la única excepción de 2020 coincidiendo con la pandemia de la Covid-19, y acumula una caída del 32,8% desde 2008.

Javier Garat, secretario general de Cepesca, ha manifestado ya en los últimos meses que “es imprescindible que desde el entorno político se intensifiquen las iniciativas para promover el derecho a una alimentación saludable con un producto, además, que se obtiene bajo el cumplimiento de una estricta normativa, con respeto medioambiental, con una de las menores huellas de carbono del mundo”.

Por su parte, un informe elaborado por la asegurada Aegon ratifica los peores temores de del sector pesquero: “la inflación, y el consecuente incremento de los precios, ha reducido la presencia de pescado en la canasta de la compra”, consignó un reporte de Industrias Pesqueras.

El IV Estudio de Salud y Vida, elaborado por Aegon, concluye que el 49 % de los españoles reconoce que la subida generalizada del precio de los alimentos ha modificado la manera en la que se alimenta.

El trabajo detalla que los ciudadanos españoles han ido excluyendo de su dieta ciertos alimentos frescos y cómo en muchos casos, se han visto forzados a cambiar su alimentación y esta ha ido empeorando a lo largo de los últimos meses.

El pescado es, según el informe, el gran afectado. Un 45,1% de los encuestados declara haber dejado de consumir algún alimento por este motivo. El pescado (52,5%) se encuentra en primer lugar seguido de la carne (34,9%) y la fruta (18,1%).

Estos factores vinculados a la fuerte retracción de la demanda de productos como el langostino salvaje argentino obedecen a estos cambios de las pautas de consumo; y estas variables han venido siendo observadas con preocupación por los exportadores de Argentina porque no prevén una recuperación en el corto plazo.

Esta caída de la demanda del principal mercado del Pleoticus muelleri, combinada con la espiral de costos internos, coloca al sector en un atolladero de difícil salida.

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