Hace ocho años, el buque pesquero Rigel se hundió frente a las costas de Chubut y con él cambió definitivamente la vida de las familias de sus nueve tripulantes fallecidos: en el aniversario del hundimiento, quienes motorizan la lucha se concentraron en la Banquina de los Pescadores de Mar del Plata.
Cada 9 de junio, los familiares recuerdan a sus seres queridos frente al mar y en el último puerto que pisaron quienes se subieron al buque de la empresa Pesca Nueva SA, un espacio más que simbólico considerando que ocho de los nueve tripulantes fallecidos permanecen desaparecidos y en un acto que además es impulsado principalmente por los familiares a pesar de la vigencia de la ordenanza que establece la “Semana de memoria a los tripulantes desaparecidos en el mar”.
Este martes, en una fresca tarde de otoño, entre los familiares que estuvieron en la banquina acompañados por otros trabajadores y sindicatos, estuvo Guillermina Godoy, madre del tripulante desaparecido Nahuel Navarrete e históricamente una de las caras visibles de la lucha.
“Este aniversario nos encuentra de pie, con achaques, con golpes que hemos tenido pero acá estamos recordándolos. Somos memoria. Todos llevamos recuerdos y tenemos que estar acá, recordarlos desde el afecto, desde el cariño. Extrañarlos. Pero también para decir que esto se termine, porque es para eso que nos sirve todo esto también, que no haya más hundimientos, que no haya desaparecidos, que no haya falta de seguridad, esclavismo en la pesca. Esto se tiene que terminar, hay derechos y responsabilidades de ambas partes. El dinero es importante, pero primero, si no tenés seguridad, perdés la vida”, sostuvo Godoy.
VISIBILIZAR PARA PREVENIR
Es que tanto Godoy como tantos otros familiares de víctimas de hundimientos dan pelea en diversos aspectos: no solo en lo que respecta a su caso particular, sino en la visibilización de que estos casos son graves y se pueden prevenir con medidas concretas que pongan la vida de los marineros por sobre la acumulación.

Pero además, quienes quedan, quedan desamparados. Porque muchos de esos marineros eran sostenes de familia y, como suele suceder en este orden social, el único ingreso familiar. Pero Godoy advirtió que, pese a ello, a 8 años todavía ni siquiera pueden cobrar una pensión: “La presunción de fallecimiento me la dieron el año pasado y todavía no hay pensión para nadie. Para la Justicia, si conviene, están fallecidos. Si hay que poner plata están desaparecidos. Entonces no se puede comprobar. Y en el medio la gente, los familiares“.
En esa línea, indicó que casos así sirven para que haya toma de conciencia en algunos aspectos laborales del puerto marplatense pero, como todo trabajo, la materialidad y la supervivencia también tiene un peso importante en las decisiones propias de los trabajadores y sus fuerzas para exigir y buscar cambios, más aún en un contexto de crisis que atraviesa coyunturalmente a la pesca: “La toma de conciencia está, el problema es la situación económica también“, lamentó.
DEL ARCHIVO A CASACIÓN PENAL
“Los marineros no son invencibles, y si les pasa algo les duele. Entiendo que hoy la necesidad es mayor, y que muchas veces los frizan por pelear por sus derechos, pero así van acrecentando al empresario y van cediendo ellos el poder. Pero es necesaria la seguridad, que se unan para evitar todo esto“, recalcó y añadió: “Yo represento a muchas mamás, pero ellos no quieren a la suya en este lugar“, sumó.

Mientras tanto, lo cierto es que una de las principales novedades que tuvieron los familiares en el último tiempo giraron en torno a la causa judicial que investigada el hundimiento en el Juzgado Federal de Rawson, luego de que marzo la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia confirmara la resolución que había tomado en 2025 el juez de primera instancia Gustavo Lleral de archivar las actuaciones.
El caso, en consecuencia, fue apelado por los familiares y aguardan que la Cámara Federal de Casación trate las actuaciones ante la afirmación de que el archivo se decidió sin tener en cuenta la totalidad de la prueba que contaba en la investigación.
“Yo no busco culpables, busco responsables. Para recuperar esa memoria, necesitamos que la Justicia actúe ¿Despertemos todos de una vez, hasta cuándo el más desprotegido es el que más tiene que pagar los platos rotos?”, cerró Godoy.
NUEVE TRIPULANTES A BORDO
El Rigel, buque de 50 años de la empresa Pesca Nueva SA (que perteneció al grupo Solimeno antes de pasar a manos de capitanes), se hundió un año después que el Repunte y meses después que el submarino ARA San Juan. Fue el 9 de junio de 2018, tres días después de haber zarpado. Naufragó con nueve tripulantes a bordo.
Los trabajadores Jonatan Amadeo, Luciano Mieres, Rodrigo Sanita, Cristian Osorio, Rodrigo Blanco, Nahuel Navarrete Godoy, Daniel Rodríguez y Fabián Rodríguez permanecen desaparecidos: solo fue hallado el cuerpo del capitán y uno de los dueños del buque, Salvador Taliercio, y el casco fue localizado recién tras 23 días de búsqueda frente a las costas de Rawson, a 93 metros de profundidad.

Desde entonces los familiares de la tripulación llevaron adelante una incansable lucha, primero para la recuperación de los cuerpos de los trabajadores, que incluso contó con una manda judicial ordenando al gobierno que “bajen los buzos” y se realicen pericias, manda que fue incumplida sistemáticamente por los sucesivos gobiernos, que dilataron el financiamiento del operativo.
En paralelo, las familias se organizaron por la búsqueda de justicia, especialmente en lo que respecta a las condiciones en que se hundió el buque -para lo cual las pericias del operativo subacuático eran claves- y la posible responsabilidad de los empresarios -contra quienes no había imputación formal- aunque también de los seis prefectos que estaban de guardia el día de la zarpada del Rigel, aunque también tenían serias dudas en lo que hace al operativo de búsqueda y rescate.
Fuente: Que Digital (Mar del Plata)
