La flota pesquera que faena con licencias otorgadas por el gobierno ilegítimo de Malvinas debió finalizar abruptamente la pesquería del calamar Loligo ante la fuerte retracción de las capturas, lo cual evidencia un riesgo de un descenso de la biomasa por debajo de niveles considerados críticos para la conservación del stock.
El Director de Recursos Naturales, James Wilson, confirmó la decisión luego de analizar los datos de captura correspondientes a las tres últimas jornadas de pesca tras la reapertura de la temporada el pasado 24 de agosto.
La actividad quedó oficialmente clausurada a las 23.59 horas del miércoles, apenas unos días después de su reanudación. De acuerdo con la información recopilada por los científicos y los observadores a bordo, la biomasa disponible se mantiene en niveles muy bajos e incluso sería inferior a la registrada antes de la pausa operativa de dos semanas.
La principal preocupación es que el stock actual pueda situarse por debajo de las 10.000 toneladas, considerado el umbral crítico de conservación. Ante este escenario, las autoridades optaron por aplicar un enfoque precautorio para reducir la presión sobre el recurso.
Los observadores también detectaron la presencia de hembras maduras desplazándose hacia aguas más someras para desovar. Este comportamiento constituye un indicador biológico relevante, ya que confirma que parte del stock se encuentra en una etapa clave de su ciclo reproductivo y refuerza la necesidad de preservar los ejemplares reproductores.
CUATRO TEMPORADAS DÉBILES
Desde la industria, el secretario interino del Grupo de Productores de Loligo (LPG), John Barton, señaló que las capturas registradas después de la reapertura habían sido “de mediocres a muy pobre”. También remarcó que el volumen total obtenido fue reducido debido al escaso número de días efectivos de pesca.
Barton reconoció que todavía existía poca información disponible tras la reanudación de la actividad, pero sostuvo que los primeros resultados “no estaban mostrando una gran mejora en las capturas”. Describió la situación como un nuevo ciclo de “arranque y cierre”, en referencia a la inestabilidad que ha caracterizado a la pesquería en los últimos años.
La segunda zafra se produce después de varias temporadas marcadas por cierres, aperturas demoradas y rendimientos alejados de los niveles habituales. En 2024 la pesquería no llegó a abrir debido a estimaciones de biomasa demasiado bajas, mientras que la primera zafra de 2025 comenzó con retraso y terminó anticipadamente, seguida por cierres temporales durante la segunda mitad de ese año.
“MUY SERIAS PREOCUPACIONES”
Wilson, por su parte, reconoció que existen “muy serias preocupaciones” respecto del estado de la segunda zafra de Loligo y vinculó parte de la incertidumbre actual con factores oceanográficos.
El funcionario mencionó particularmente las corrientes registradas durante 2024, que, según explicó, “nos barrieron el Loligo”. Ese fenómeno dejó interrogantes sobre cuántos ejemplares lograron retornar al cuadrante de pesca y, en consecuencia, sobre la cantidad de calamares disponibles para completar su ciclo reproductivo y sostener la próxima zafra.
La decisión de cerrar nuevamente la pesquería busca, en este contexto, preservar el stock remanente y evitar que la presión pesquera comprometa la reproducción del Loligo y las posibilidades de recuperación de la actividad en los próximos años.
