La temporada de langostino en aguas de jurisdicción nacional concluirá el domingo con un volumen superior a las 130.000 toneladas, en una zafra que mantuvo niveles de captura elevados, aunque con una marcada desaceleración de los rendimientos durante las últimas semanas.

El cierre se producirá a las 00:00 del 13 de septiembre, luego de una campaña que alcanzó su máxima intensidad entre junio y julio y que, desde agosto, comenzó a mostrar señales de agotamiento en distintas concentraciones del recurso, junto con un incremento de la presencia de merluza en las capturas incidentales.

Desde el punto de vista biológico, las evaluaciones y previsiones técnicas realizadas por investigadores del INIDEP mantienen un diagnóstico favorable. Los indicadores disponibles ubican a la pesquería dentro de parámetros aceptables y, en términos de volumen, la extracción continúa moviéndose dentro de los niveles que han caracterizado históricamente al langostino salvaje argentino.

El resultado de la zafra nacional se inscribe, además, en un contexto de elevada producción anual. Entre el 1 de enero y el 8 de septiembre, los desembarques acumulados de la especie —incluidos los primeros meses de pesca en aguas de Chubut y la posterior operatoria en jurisdicción nacional— se aproximaban a las 180.000 toneladas.

A ese registro todavía deberán incorporarse las capturas de los buques que permanecían operativos y, más adelante, la producción correspondiente al último tramo del año, cuando se habilite nuevamente la pesca en aguas de Rawson. De mantenerse la dinámica prevista, 2026 podría cerrar nuevamente en torno o por encima de las 200.000 toneladas.

La operatoria en aguas nacionales comenzó el 16 de abril, con la habilitación de la pesca comercial al norte del paralelo 41°S, fuera del Área de Veda Permanente de Juveniles de Merluza (AVPJM). El inicio fue acotado. Un grupo reducido de buques congeladores y algunos fresqueros de altura comenzó a explorar esa zona durante la segunda quincena de abril, período en el que se declararon 1.753 toneladas.

Durante mayo continuaron las operaciones al norte de la veda y comenzaron las prospecciones en sectores de la AVPJM. El 29 de ese mes se habilitó formalmente la pesca en cuatro subáreas: dos frente a Península Valdés y otras dos frente al sector sur del Golfo San Jorge.

La apertura de esos sectores modificó la dinámica de la zafra y permitió una incorporación progresiva de fresqueros de altura. En mayo se declararon 6.081 toneladas, todavía lejos de los volúmenes que se alcanzarían durante los meses siguientes.

El salto productivo se produjo en junio, cuando los desembarques treparon a 38.975 toneladas. Fue también el momento en que comenzó a adquirir relevancia la flexibilización, dispuesta exclusivamente para 2026, de la exigencia de las 72 horas para los fresqueros de altura.

La modificación generó inicialmente una mayor dispersión de los desembarques. Parte de la flota evitó ingresar a Puerto Madryn y optó por descargar en puertos de Santa Cruz y Río Negro, mientras otros buques trasladaron el producto fresco hasta Mar del Plata.

Con el avance de la zafra, sin embargo, esa dinámica comenzó a modificarse. La necesidad de reducir los tiempos de navegación y evitar la pérdida de mareas llevó progresivamente a los fresqueros a utilizar los puertos más próximos a las zonas donde se concentraba el recurso.

JULIO FUE EL MEJOR MES

El mayor volumen de la temporada se registró en julio. Con una amplia participación de la flota en las distintas áreas habilitadas, los desembarques alcanzaron las 45.558 toneladas, el máximo mensual de la campaña en aguas nacionales.

La intensidad de las capturas comenzó, sin embargo, a dejar señales sobre el comportamiento de la pesquería. A partir de agosto, el escenario cambió y los rendimientos comenzaron a retroceder.

La mayor eficiencia de una flota con buques cada vez más modernos, combinada con condiciones meteorológicas adversas, incidió sobre la operatoria. El recurso mostró una creciente dispersión y se hizo más difícil sostener los niveles de captura registrados durante junio y julio.

Al mismo tiempo, comenzó a observarse un incremento progresivo de la participación de merluza en las capturas incidentales de la pesquería dirigida al langostino.

Frente a esa evolución, la autoridad de aplicación fue cerrando algunas subáreas y realizando nuevas prospecciones con el objetivo de orientar a la flota hacia sectores donde pudieran encontrarse nuevas concentraciones.

Durante la segunda quincena de agosto la caída de los rendimientos se hizo más evidente. Aunque todavía aparecieron concentraciones puntuales de langostino de buena talla, su duración fue limitada: una vez detectadas, la llegada de numerosos buques provocaba su rápida explotación.

Las condiciones meteorológicas también condicionaron la actividad. Las interrupciones por mal tiempo obligaron a la flota a permanecer inactiva en distintos momentos y, tras cada reanudación, localizar nuevamente el recurso se volvió progresivamente más complejo. Agosto cerró con 28.934 toneladas declaradas, casi 16.600 toneladas menos que el mes anterior.

En Chubut, la mayoría de las plantas de procesamiento había dado por concluida la temporada nacional durante la segunda quincena de agosto. En los primeros días de septiembre, los buques que todavía permanecían en actividad enfrentaron rendimientos decrecientes y una mayor incidencia de merluza en las capturas.

El cierre de las Subáreas 4 y 5 terminó de definir el final de la operatoria dentro de la AVPJM. Con esa decisión, quedó cerrada la pesca de langostino en toda el área de veda y los buques que continuaban trabajando debieron hacerlo fuera de ella.

La Dirección Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera estableció, además, el 9 de septiembre como fecha límite para el despacho de buques hacia las zonas de pesca. El último paso será el cierre definitivo de la pesquería en todas las aguas de jurisdicción nacional, establecido para las 00:00 del domingo 13 de septiembre.

La zafra concluirá así con más de 130.000 toneladas de langostino capturadas en aguas nacionales. Sumada la producción registrada en el resto del año, la pesquería volverá a ubicarse en un nivel cercano a las 200.000 toneladas, consolidando una magnitud de extracción que se mantiene dentro de los valores históricos de esta actividad. El dato productivo convive, sin embargo, con un final de temporada que dejó en evidencia una menor disponibilidad y dispersión del recurso, menores rendimientos y un aumento de la captura incidental de merluza, factores que marcaron el tramo final de una de las principales pesquerías del país.

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