La dinámica del comercio exterior de la industria pesquera esta siempre cruzada por factores internos y externos. El octavo complejo exportador de Argentina no es formador de precios. La voraz presión fiscal le esquila competitividad. Los porcentajes de los DEx se mantienen inalterables hace años. La inflación en dólares con costos en alza ubica a la pesca en una situación por demás compleja.

Desde enero, Argentina acumula una inflación en dólares de 13%, mientras que el IPC en pesos suma 9,4%. Su impacto en la competitividad y las exportaciones de la industria pesquera es seguido de cerca por los operadores de comercio exterior. La dinámica de precios en Argentina sumó en 2026, un fenómeno que empieza a preocupar a economistas y empresas: la inflación medida en dólares. En lo que va del año, este indicador acumula un alza superior al 13%, reflejando un proceso en el que los precios internos crecen más rápido que el tipo de cambio oficial.

Los exportadores pesqueros sienten fuerte la presión fiscal, promesas de eliminación o reducción de retenciones que no llegan. Los costos que siguen en aumento y configuran un escenario por demás complicado. Nadie, va a salir a pedir una devaluación, en estos tiempos, pero esta costando transmitir el nivel de agobio que tiene la actividad, tanto de factores internos como externos.

El fenómeno no es nuevo, pero sí más visible en el actual contexto macroeconómico. Con un dólar relativamente estable y una inflación que volvió a acelerarse —3,4% en marzo según el Indec—, los precios locales medidos en moneda dura tienden a encarecerse.

En términos simples, la inflación en dólares surge cuando los bienes y servicios suben en pesos más rápido que el ritmo de devaluación. Este desfasaje genera un “atraso cambiario” que, si se prolonga, puede erosionar la competitividad de sectores exportadores y desalentar la producción orientada al mercado externo.

Durante los últimos meses, el tipo de cambio oficial mostró una evolución más moderada que la inflación. De hecho, en el arranque de 2026 el dólar llegó incluso a retroceder en términos reales frente a una suba de precios acumulada cercana al 9,5% en el primer trimestre.

El avance de la inflación en dólares también incide en la dinámica interna. Por un lado, favorece el consumo de bienes importados, que tienden a abaratarse en comparación con los productos locales. Por otro, presiona sobre sectores industriales que enfrentan mayores costos sin poder trasladarlos completamente a precios.

El caladero argentino goza de buena salud biológica. La gestión adecuada de sus principales recursos, independientemente de la autoridad política de turno, ha permitido tener hoy una pesquería saludable de merluza hubbsi, colapsada hasta que se optó por el sistema de cuotas individuales, transferibles de captura (CITC); un esquema siempre mejorable, pero claramente un modelo que aporta previsibilidad y certezas. Como en todo reparto, siempre quedan heridos en el camino.

El langostino ha logrado una estabilidad en el orden de las 200.000 toneladas anuales. Esa pesquería avanza a pasos firmes para contar con un Plan de Manejo Integral, lo que daría paso a la cuotificación; tal vez, no este año, ni en esta gestión, depende de los apuros políticos.

La especie Illex argentinus ha tenido dos años con registros históricos. En 2025 se lograron capturas que superaron las marcas de la pesquería y en este 2026, el arranque fue muy bueno, superior al anterior, pero después declinó.

Ese panorama biológico no siempre guarda relación con el estado del negocio de la industria pesquera. Un sector netamente exportador que no es formador de precios. La reciente suba del combustible como consecuencia de la guerra en Medio Oriente impactó fuerte en los diferentes estratos de la flota pesquera argentina. Los costeros marplatenses alertaron que no pueden salir a pescar porque no cubren los gastos.

Y, desde fresqueros hasta congeladores, coinciden en que la creciente y sostenida presión fiscal les provoca una situación de agobio que les mella la posibilidad de ser competitivos con sus productos en los mercados internacionales.

Esta circunstancia parece estar lejos de ser leída por el Gobierno nacional que no tiene en su radar de prioridades al complejo exportador de la pesca. El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Sergio Iraeta, tuvo un acto de sinceridad en la reciente cumbre de AmCham cuando dijo que él interpretaba que el gobierno de Javier Milei cumpliría con su promesa de “retenciones cero”, pero recién para un hipotético “fin del segundo mandato”.

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