Con la firma de 24 premios Nobel, la comunidad científica internacional insta al Gobierno de Javier Milei a detener el desmantelamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, así como a proteger sus instituciones, investigadores y capacidades acumuladas.

Lo hizo a través de un documento firmado por personalidades destacadas de la Ciencia y la Tecnología a nivel mundial, y que sigue sumando adhesiones.

La nota ya cuenta con la firma de 24 premios Nobel. Con un tono fuertemente crítico, la nota denuncia el exceso en “límites impensados”, desde la asfixia financiera y la falta de garantías de sostenibilidad en el sector, con consecuencias como la pérdida de casi 8 puestos de trabajo en Ciencia y Tecnología por día desde que comenzó la actual gestión.

La carta fue impulsada por el biólogo molecular e investigador Alberto Kornblihtt y por la física, investigadora y actual diputada nacional Adriana Serquis. En ella se repudian los despidos, represiones e irrupciones recientes de las fuerzas armadas y de seguridad en la CNEA (que será nuevamente reducida tras el Decreto 655/2026 publicado el pasado 24 de julio), el INTI y el CONICET.

A su vez, subraya que la Argentina integra un selecto grupo de países con desarrollo satelital e industria nuclear propia, además de contar con valiosos aportes de las Ciencias Sociales y Humanidades para el diseño de políticas públicas eficientes.

El escrito culmina con un pedido concreto: el resguardo de las capacidades acumuladas y la sostenibilidad en los organismos del sector. En ese sentido, advierte que “de lo contrario, se avizora la destrucción de un sistema que tardó muchos años en construirse, del cual se benefició la humanidad en su conjunto, y que requeriría muchos más años para ser reconstruido”.

Junto con las firmas de los Nobel están las rúbricas, a nivel nacional, de Andrea Gamarnik, Raquel Chan, Víctor Ramos, Martín Crespi, Ana Belén Elgoyhen, Diego Golombek, Juan Pablo Radicella, Nora Bär, Galo Soler Illia, Roberto Salvarezza, Ana Franchi, Mario Pecheny, Alberto Baruj, y Daniel Filmus, entre otros.

Los firmantes se solidarizaron también con el INTA, el Servicio Meteorológico Nacional y la Agencia I+D+i, que lleva 27 meses de estipendios congelados y que, tanto como el Conicet y otras instituciones del sector, sufre la suspensión de su obra social.

Hacen hincapié en su profunda preocupación por la reducción de organismos como Anmat, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el Instituto Nacional de Semillas (Inase), el Instituto Nacional del Agua (INA), la Administración de Parques (APN), entre otros.

La carta pública critica el inminente despido de 379 profesionales del Conicet que aguardan el ingreso a la Carrera de Investigador, interrumpida al igual que la del personal de apoyo. Además, se resalta el papel destacado de la ciencia argentina para la comunidad internacional.

“La totalidad de quienes habitan el planeta se beneficia con el legado científico-tecnológico argentino”, se lee en un pasaje. Entre los hitos alcanzados, menciona la identificación de causas y tratamientos contra enfermedades complejas, avances en tecnologías alimenticias —como el trigo resistente a la sequía—, conocimientos clave en genética, física de partículas y en la formación de la cordillera de los Andes.

Puerto Madryn alberga uno de los principales polos de investigación marina de Argentina, con grupos del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET) dedicados al estudio de los ecosistemas del Mar Argentino, la biodiversidad, la dinámica de poblaciones de peces y crustáceos, y el impacto del cambio climático sobre los recursos marinos. Gran parte de este trabajo constituye la base científica para el manejo sustentable de las pesquerías y la conservación de especies de interés ecológico y económico.

Los recientes recortes presupuestarios al CONICET, sumados a la demora en el ingreso de nuevos investigadores y a las dificultades para financiar campañas oceanográficas, adquirir insumos y mantener equipamiento, generan preocupación en la comunidad científica local. La biología pesquera es una de las disciplinas más expuestas porque depende de muestreos periódicos en el mar, análisis de laboratorio y series de datos continuas que permiten evaluar el estado de las poblaciones explotadas. La interrupción o el retraso de estas investigaciones puede afectar la calidad de la información utilizada para estimar abundancias, monitorear la reproducción, detectar cambios ambientales y formular recomendaciones para una explotación sostenible.

Además del impacto sobre la producción de conocimiento, la reducción de recursos compromete la formación de nuevos especialistas y la capacidad de transferencia hacia organismos públicos y el sector pesquero. En una región donde la actividad pesquera representa un componente clave de la economía, el debilitamiento de la investigación marina no solo afecta a la ciencia, sino también a la disponibilidad de evidencia para la toma de decisiones sobre la gestión de los recursos del Mar Argentino y su aprovechamiento a largo plazo.

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