Río Negro parece haber encontrado en Vaca Muerta la llave de su próximo ciclo de crecimiento. La provincia que durante décadas construyó parte de su identidad productiva sobre la fruticultura, la ganadería, el turismo, la minería y la pesca ahora apuesta a convertirse en la gran salida atlántica de los hidrocarburos producidos en Neuquén.
La transformación no es una declaración de intenciones. Está respaldada por obras concretas y proyectos de inversión que modifican el mapa económico provincial.
El petróleo de Vaca Muerta llegará a la costa rionegrina a través del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), una obra de aproximadamente 437 kilómetros que conectará Allen con Punta Colorada, en el área de Sierra Grande. La inversión ronda los US$ 3.000 millones y la infraestructura tendrá una capacidad inicial cercana a los 180.000 barriles diarios, con ampliaciones previstas.
Punta Colorada se prepara así para convertirse en una terminal estratégica para la exportación de crudo. Río Negro dejará de ser solamente una provincia ubicada en el recorrido de la producción neuquina y pasará a ocupar un lugar decisivo en la salida del petróleo argentino hacia el mundo. Pero el verdadero salto puede producirse con el gas.
SAN MATÍAS, EL GOLFO PETROLERO
Sobre el litoral rionegrino también avanzan proyectos destinados a transformar el gas de Vaca Muerta en GNL y exportarlo por vía marítima.
Southern Energy proyecta instalar unidades flotantes de licuefacción en el Golfo San Matías, con inversiones superiores a los US$ 15.000 millones durante las próximas dos décadas. El proyecto reúne a grandes compañías energéticas nacionales e internacionales y requiere nueva infraestructura para llevar el gas desde Neuquén hasta la costa.

El Gasoducto San Matías será una de las piezas fundamentales de ese esquema. Con aproximadamente 470 kilómetros de extensión, permitirá transportar gas hasta el área portuaria donde se desarrollará la operación de licuefacción.
A este proyecto se suma Argentina LNG, una iniciativa de escala todavía mayor, impulsada por YPF junto con socios internacionales, que proyecta inversiones acumuladas por varias decenas de miles de millones de dólares.
La dimensión de los proyectos permite entender el cambio que atraviesa Río Negro: la costa que históricamente miraba al mar en busca de pescado comienza a mirar al mismo mar como vía de salida para petróleo y gas.
LA PESCA EN SITUACIÓN CRÍTICA
El contraste con la actividad pesquera resulta difícil de ignorar. Mientras la energía concentra proyectos de miles de millones de dólares, financiamiento internacional, infraestructura nueva y participación de grandes compañías, la pesca rionegrina continúa intentando sostenerse en un escenario de crisis y plena emergencia.
En 2025 los desembarques marítimos provinciales se ubicaron en torno de las 4.000 toneladas, uno de los niveles más bajos registrados. La situación obligó a mantener medidas de emergencia y expuso el deterioro de una actividad que durante décadas tuvo un peso determinante en San Antonio Oeste y otras localidades del Golfo San Matías.
La diferencia no está solamente en las cifras de producción. Está también en las expectativas. Para la energía se están construyendo nuevas rutas de transporte, ductos, terminales y sistemas de exportación. Se anuncian inversiones de largo plazo y se incorporan actores internacionales. Para la pesca, en cambio, la prioridad está puesta en ordenar las pesquerías, recuperar los recursos y sostener una estructura industrial que perdió dinamismo.
SIN NUEVAS INVERSIONES PESQUERAS
El Golfo San Matías se encuentra así ante una transformación que puede modificar su perfil productivo durante las próximas décadas. La provincia trabaja actualmente en nuevos planes de manejo pesquero junto con organismos científicos, con el objetivo de recuperar las distintas pesquerías y establecer condiciones para una explotación sustentable.
Pero recuperar el recurso es solamente una parte del problema. Sin barcos, plantas, tecnología, infraestructura y capital privado, la recuperación biológica no necesariamente se convierte en desarrollo industrial.
Mientras el petróleo y el gas prometen convertir a la costa rionegrina en una plataforma energética internacional, la pesca permanece sin un nuevo ciclo inversor capaz de devolverle el protagonismo económico que tuvo durante décadas.
