¿Sabías que a las hembras del camarón de cultivo vannamei les mutilan los ojos para que se reproduzcan más rápido?

Sí, esto sucede en la industria de la acuicultura, una práctica brutal y sistemática conocida como ablación del pedúnculo ocular, que se aplica a millones de camarones hembra cada año.

Consiste en cortar o destruir uno o ambos pedúnculos oculares —es decir, la base de los ojos—, donde se encuentra una glándula natural que inhibe la reproducción.

Al mutilarlas, eliminan ese “freno biológico” para forzar su maduración sexual, “hackear” su sistema endocrino y acelerar así la producción de huevos, forzando a las hembras a entrar en estado reproductivo antes de tiempo.

Esta práctica se realiza sin anestesia, generando en los camarones sufrimiento físico y estrés extremo, afectando su salud, longevidad y calidad de vida. La Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres publicó en 2021 un informe titulado “Revisión de la evidencia de sintiencia en moluscos cefalópodos y crustáceos decápodos”, donde demuestran, bajo evidencia científica, que estos grupos de animales son capaces de experimentar dolor.

La extirpación quirúrgica del pedúnculo ocular de crustáceos, conocida como ablación, es una práctica habitual en laboratorios de larvicultura de camarón en todo el mundo.

La remoción del tallo o pedúnculo ocular de hembras reproductoras de camarón ayudó a impulsar el crecimiento explosivo de la acuicultura a escala comercial en el último cuarto de siglo.

El crecimiento de la evidencia científica sobre la sintiencia de los crustáceos está modificando la forma en que gobiernos, científicos y consumidores observan la acuicultura.

Lo que durante décadas fue considerado simplemente una herramienta de producción comienza hoy a ser cuestionado desde la ética y el bienestar animal.

Mientras la demanda mundial de camarón continúa aumentando, el desafío será desarrollar sistemas productivos capaces de mantener la rentabilidad sin recurrir a procedimientos que generan sufrimiento evitable en miles de millones de animales cada año.

El debate sobre la ablación ocular en la acuicultura también pone de relieve una diferencia fundamental entre los camarones producidos en cautiverio y los langostinos obtenidos mediante pesca extractiva sostenible.

Mientras el camarón vannamei se cría en sistemas intensivos de acuicultura, donde las hembras reproductoras suelen ser sometidas a la ablación del pedúnculo ocular para acelerar el desove y, en algunos sistemas, al uso de antibióticos y otros insumos para controlar enfermedades, el langostino patagónico (Pleoticus muelleri) es una especie silvestre que completa todo su ciclo de vida en el océano y no requiere manipulación reproductiva ni crianza en cautiverio.

En el caso del langostino argentino austral capturado en la Zona FAO 41 —que comprende el Atlántico Sudoccidental—, la actividad pesquera se desarrolla sobre poblaciones naturales bajo planes de manejo, monitoreo científico y vedas biológicas destinadas a proteger el recurso y garantizar su renovación.

Además, parte de esta pesquería cuenta con la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), identificada por el reconocido sello azul, que certifica que el recurso proviene de una pesquería evaluada bajo estándares internacionales de sostenibilidad, trazabilidad y gestión responsable. Esta certificación considera aspectos como el estado saludable de la población, la minimización del impacto sobre el ecosistema marino y la eficacia del sistema de administración pesquera.

Desde el punto de vista productivo, la diferencia también es significativa. El langostino salvaje no es sometido a prácticas de reproducción forzada, no atraviesa ciclos de engorde en cautiverio y no requiere el empleo rutinario de antibióticos asociados a sistemas intensivos de cultivo. En cambio, la producción de camarón de acuicultura enfrenta desafíos sanitarios propios de las altas densidades de animales, lo que históricamente ha favorecido el uso de distintas estrategias de control de enfermedades, aunque su regulación varía según el país productor y los mercados de destino.

Estas diferencias no sólo distinguen dos formas de obtener un producto del mar, sino que también alimentan un debate cada vez más amplio sobre bienestar animal, sostenibilidad ambiental, calidad alimentaria y transparencia para los consumidores, quienes demandan conocer el origen y las condiciones bajo las cuales fueron producidos los alimentos que llegan a su mesa.

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