La cámara empresaria nació en 1984 para representar a una industria que comenzaba a transformar la economía patagónica. Cuatro décadas después, reclama alivio fiscal, impulsa la formación de trabajadores y busca consolidar una pesca más competitiva.

La Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP) cumplió 42 años de trayectoria institucional y llega a este nuevo aniversario atravesando uno de los escenarios más complejos para la actividad. El incremento de los costos internos, la presión tributaria, la competencia internacional y las crecientes exigencias de los mercados en materia de sustentabilidad dominan hoy una agenda muy distinta a la que motivó su creación en 1984, aunque con un objetivo que permanece inalterable: representar los intereses de la industria pesquera patagónica.

La entidad nació el 30 de julio de 1984 en Puerto Madryn, cuando un grupo de empresas decidió conformar una cámara que unificara la representación de un sector que comenzaba a consolidarse como uno de los motores productivos de la Patagonia. Argentina recuperaba la democracia y la pesca atravesaba una etapa de fuerte expansión impulsada por el crecimiento del langostino, las primeras inversiones industriales y el desarrollo de la infraestructura portuaria.

Aquella realidad exigía mucho más que el crecimiento individual de cada empresa. Los empresarios entendieron que el desarrollo de la actividad también dependía de la construcción de consensos, del diálogo permanente con el Estado y de la posibilidad de diseñar políticas de largo plazo para una industria con fuerte perfil exportador.

En esos primeros años, la agenda estaba concentrada en cuestiones básicas para el funcionamiento del sector: energía, agua, caminos, comunicaciones, puertos y un marco regulatorio que brindara previsibilidad. Cuatro décadas después, muchas de aquellas demandas fueron resueltas, mientras que otras dieron paso a nuevos desafíos vinculados con la competitividad, la innovación tecnológica y la sostenibilidad de los recursos pesqueros.

Con el paso del tiempo, CAPIP dejó de ser únicamente una entidad gremial empresaria para convertirse en uno de los principales actores institucionales de la pesca argentina. La cámara participa de los debates sobre administración de los recursos, políticas públicas, investigación científica, certificaciones ambientales, relaciones laborales e infraestructura, consolidando un espacio de referencia dentro del entramado pesquero nacional.

Actualmente, la entidad sostiene como ejes de trabajo la articulación con organismos públicos y privados, la promoción de una pesca sustentable respaldada por evidencia científica y la construcción de consensos entre empresas, trabajadores, autoridades y el sistema científico.

Para el presidente de CAPIP, Agustín de la Fuente, el desafío actual pasa por recuperar condiciones que permitan sostener la actividad.

“Se continúa trabajando con una agenda de productividad y competitividad”, afirma. “Gestionamos mejoras para toda la industria pesquera y para los desafíos actuales que enfrenta el sector, atendiendo la cuestión productiva con una mirada siempre puesta en la sustentabilidad de los recursos pesqueros”, describe.

Entre las principales preocupaciones que hoy plantea la cámara figura la pérdida de competitividad de la industria pesquera patagónica. Desde CAPIP advierten que el aumento de los costos medidos en dólares, la elevada carga tributaria y otros factores que afectan la rentabilidad colocan al sector en una situación delicada frente a competidores internacionales.

La entidad sostiene que, al tratarse de una actividad orientada casi exclusivamente a la exportación, los derechos de exportación y otros tributos terminan funcionando como un costo adicional que reduce la capacidad competitiva de las empresas argentinas.

Por ello, insiste en la necesidad de implementar medidas de alivio fiscal que permitan preservar la actividad industrial, las plantas de procesamiento, la operatoria de la flota y miles de puestos de trabajo en ciudades como Puerto Madryn, Rawson y Comodoro Rivadavia.

La agenda institucional también comenzó a incorporar un componente que hace algunos años ocupaba un lugar secundario: la formación de los trabajadores.

“Desde CAPIP también apostamos por la educación y la integración social del sector. Está en marcha un plan de terminalidad educativa para marineros y trabajamos para que esa herramienta también alcance a los operarios de las plantas de procesamiento”, señala De la Fuente.

La iniciativa refleja un cambio de paradigma dentro de la propia industria. Si durante los primeros años el desafío consistía en construir la infraestructura necesaria para acompañar el crecimiento productivo, hoy la prioridad también pasa por fortalecer el capital humano, profesionalizar la actividad y generar mayores oportunidades de capacitación.

A 42 años de su fundación, CAPIP mantiene vigente el objetivo que impulsó a sus creadores: construir una representación común para una actividad estratégica de la Patagonia. Sin embargo, el contexto plantea nuevas exigencias.

La incorporación de tecnología, el agregado de valor, la estabilidad normativa, la modernización de los convenios laborales, la sustentabilidad de los recursos y la competitividad internacional aparecen como los grandes ejes que marcarán el futuro de la pesca argentina.

La historia de la cámara muestra una capacidad de adaptación permanente a los cambios que atravesó la actividad. El desafío hacia adelante será sostener ese proceso en un escenario global cada vez más exigente, manteniendo la premisa que dio origen a la institución en 1984: que el desarrollo pesquero solo puede construirse a partir del diálogo entre empresas, Estado, trabajadores y comunidad científica.

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