El HMS Medway (P223) que había zarpado desde las Islas Malvinas navegó por aguas argentinas sin comunicación previa a las autoridades nacionales. El patrullero oceánico británico fue detectado entre el jueves y el viernes mientras se dirigía al Estrecho de Magallanes. Tras atravesar el extremo austral, el HMS Medway recaló el domingo en Punta Arenas (Chile). Allí permanecería hasta este miércoles 8 de julio realizando tareas de reaprovisionamiento.

El buque de guerra ingresó en aguas de jurisdicción nacional a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Las autoridades militares británicas nunca utilizaron los canales establecidos para informar el movimiento.

El episodio llegó rápidamente a la Cancillería. Allí se analiza la posibilidad de presentar una protesta diplomática por canales reservados. El motivo es el incumplimiento de los procedimientos previstos en el denominado Acuerdo Madrid II, firmado en 1990 para evitar incidentes militares entre ambos países.

La situación ocurre mientras la administración de Javier Milei profundiza su alineamiento con Estados Unidos. El Gobierno también procura consolidar una agenda de acercamiento con el Reino Unido.

La confrontación diplomática que caracterizó etapas anteriores respecto de la cuestión Malvinas quedó en un segundo plano. En ese contexto, el tránsito sin aviso del HMS Medway obliga a la Cancillería a administrar un delicado equilibrio.

Una protesta diplomática demasiado enérgica tensionaría un vínculo político que el Gobierno busca preservar. El silencio, en cambio, podría interpretarse como aceptación tácita del incumplimiento de compromisos bilaterales que durante más de tres décadas constituyeron uno de los pocos instrumentos de confianza mutua construidos entre Buenos Aires y Londres.

El denominado Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas es un anexo del Madrid II. Fue diseñado después de la normalización de relaciones diplomáticas para garantizar que Londres y Buenos Aires notificaran previamente los movimientos de unidades militares en el Atlántico Sudoccidental.

El protocolo estableció comunicaciones permanentes entre las autoridades navales y aéreas de ambos países. También fijó pruebas periódicas de los sistemas de enlace y avisos anticipados cuando un medio militar operara en zonas sensibles.

Nada de eso ocurrió durante el tránsito del HMS Medway. Ni el comandante de las Fuerzas Británicas asentadas en Malvinas, brigadier Charlie Harmer, ni la comandante del patrullero, la capitán de corbeta Lucía Ramsay, utilizaron los canales previstos en el acuerdo. Los sensores electrónicos desplegados en el litoral austral detectaron la derrota del buque británico. El seguimiento operativo se activó de inmediato.

Hasta el momento no ha habido pronunciamiento oficial por parte del Gobierno de Javier Milei.

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