VIGO.-  La pesca mundial atraviesa una etapa de transformación en la que el desafío ya no pasa únicamente por conservar los recursos, sino por encontrar un equilibrio entre sostenibilidad ambiental, producción, comercio y generación de empleo. Esa fue una de las principales definiciones planteadas por Miguel Bernal, secretario ejecutivo de la Comisión General de Pesca para el Mediterráneo (CGPM) de la FAO, durante la apertura del XIV Congreso Internacional Conxemar FAO-MAPA, celebrado en Vigo bajo el lema “Smart Blue Leadership”.

Para Bernal, esta dimensión global obliga a asumir una responsabilidad que excede las fronteras de cada país. “El comercio debe ir acompañado de responsabilidad”, sostuvo, al señalar que los productos acuáticos deben responder a normas creíbles de sostenibilidad ambiental, social y económica.

Pero el representante de la FAO introdujo una cuestión central para el futuro del sector: la sostenibilidad no puede convertirse exclusivamente en una exigencia para los productores. “También debemos crear las condiciones necesarias para hacerla posible”, afirmó, y enumeró entre ellas la inversión, la ciencia, la tecnología, la trazabilidad y, especialmente, el desarrollo de capacidades.

Bernal situó el debate en una escala global y destacó la dimensión estratégica que adquirieron los sistemas alimentarios acuáticos. Según los datos expuestos durante su intervención, la producción mundial de animales acuáticos alcanzó en 2024 un récord de 235 millones de toneladas, mientras que los sistemas alimentarios acuáticos generaron empleo directo para más de 65 millones de personas y contribuyeron a los medios de vida de más de 600 millones.

La magnitud del sector también se refleja en su aporte a la alimentación mundial. Los alimentos acuáticos de origen animal representan al menos el 20% de las proteínas animales consumidas por más del 40% de la población mundial. Al mismo tiempo, se trata de una de las actividades alimentarias más internacionalizadas: aproximadamente el 36% de la producción de animales acuáticos se comercializó internacionalmente en 2024, por un valor superior a los 186.000 millones de dólares.

El planteo adquiere una dimensión particular para Europa, principal región importadora de productos acuáticos de origen animal. Bernal advirtió que mientras la producción pesquera mundial se ha mantenido relativamente estable y la acuicultura registra un fuerte crecimiento, la producción europea ha disminuido.

En ese escenario, la FAO plantea una disyuntiva que atraviesa buena parte de las políticas pesqueras europeas: cómo profundizar la conservación sin reducir la capacidad productiva hasta el punto de trasladar las presiones ambientales y sociales hacia terceros países.

“Europa debe, por tanto, conciliar la conservación con la producción sostenible”, señaló Bernal. Y remarcó que una reducción de la producción interna no debería traducirse simplemente en “trasladar las presiones ambientales y sociales a otros lugares”.

La definición apunta directamente a uno de los problemas estructurales de las cadenas pesqueras globalizadas: una creciente exigencia sobre los productores europeos puede coexistir con una mayor dependencia de las importaciones procedentes de regiones donde los estándares productivos, laborales o ambientales pueden ser diferentes.

Desde la perspectiva de la FAO, la respuesta no pasa por contraponer biodiversidad y producción. “La conservación de la biodiversidad y el uso sostenible deben reforzarse mutuamente y no excluirse”, sostuvo el funcionario.

En ese contexto, la FAO impulsa la denominada “transformación azul” de los sistemas alimentarios acuáticos. Bernal resumió sus objetivos en tres grandes líneas: ampliar la acuicultura sostenible, garantizar una gestión eficaz de todas las pesquerías y mejorar las cadenas de valor para hacerlas más eficaces, eficientes, inclusivas y ambientalmente responsables.

Para el representante de la FAO, esa transformación no constituye una perspectiva futura, sino un proceso que ya está en marcha y que puede observarse en Vigo y en el conjunto de la industria pesquera gallega.

Mencionó la construcción de buques modernos, más seguros, eficientes y sostenibles; las tecnologías destinadas a mejorar la fiabilidad de las operaciones y reducir el desperdicio; y las infraestructuras portuarias orientadas a generar mayor valor añadido,

El mensaje positivo con el que Bernal cerró su intervención estuvo acompañado, sin embargo, por una advertencia: la transformación debe acelerarse.

El cambio climático, el incremento de los costos energéticos, la volatilidad de los mercados y la degradación de los ecosistemas están ejerciendo una presión creciente sobre la actividad pesquera. A esa combinación se suma la necesidad de sostener una estructura productiva capaz de abastecer de alimentos a una población mundial que continúa dependiendo de los recursos acuáticos.

Frente a ese escenario, la FAO no plantea abandonar la actividad extractiva, sino transformarla. Bernal defendió la capacidad de las pesquerías gestionadas adecuadamente para seguir proporcionando alimentos, empleo y oportunidades económicas “generación tras generación”.

También reivindicó el papel de los alimentos acuáticos frente a algunos de los grandes desafíos globales. Por su valor nutricional, sostuvo, pueden contribuir a combatir el hambre, la malnutrición y la pobreza, al tiempo que forman parte de las respuestas posibles frente al cambio climático.

El futuro de la pesca, según la mirada expresada por la FAO en Vigo, dependerá finalmente de las decisiones que se adopten en el presente: invertir en producción sostenible, respaldar a los pescadores y las comunidades costeras, establecer reglas justas y asegurar que la innovación y el comercio distribuyan sus beneficios de manera amplia.

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