Chile se ha transformado en el principal punto de apoyo logístico en América para la gran flota china dedicada al calamar gigante o pota (Dosidicus gigas) en aguas internacionales del Pacífico Sudoriental. Según consigna un reporte de Europa Azul, una investigación del especialista en conservación marina y pesca ilegal Milko Schvartzman contabiliza 123 recaladas de estos buques en puertos chilenos durante los primeros ocho meses de 2026, mientras alrededor de 401 poteros de bandera china operaban, a 20 de agosto, frente a las costas de Ecuador, Perú y Chile.

La dimensión de la flota vuelve a poner el foco sobre una de las mayores pesquerías de cefalópodos del mundo y sobre la capacidad de los Estados ribereños y de la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO) para controlar un recurso altamente móvil explotado tanto por flotas nacionales como por grandes flotas de aguas distantes. El análisis de Schvartzman utiliza, entre otras fuentes, información procedente de Global Fishing Watch y observa diferencias significativas en la distribución de los barcos chinos frente a las ZEE de los tres países.

Según el investigador argentino, los poteros mantienen frente a Ecuador y Perú una separación aproximada de 30 millas náuticas respecto al límite exterior de las respectivas zonas económicas exclusivas. Frente a Chile, en cambio, se concentran prácticamente sobre la línea que separa las aguas jurisdiccionales chilenas de la alta mar. Operar junto al límite de una ZEE no constituye por sí mismo pesca ilegal cuando el buque permanece en aguas internacionales, pero esta proximidad incrementa las exigencias de vigilancia y seguimiento de las operaciones.

El informe difundido por Europa Azul sostiene además que entre 2024 y 2025 se produjeron al menos seis posibles incursiones no autorizadas de barcos chinos en la ZEE chilena. Esta interpretación ha sido rechazada por las autoridades del país. El subsecretario de Pesca chileno, Osvaldo Urrutia, aseguró que las comprobaciones realizadas conjuntamente con Sernapesca y la autoridad marítima no habían confirmado irregularidades y señaló que determinadas detecciones satelitales fueron descartadas posteriormente como falsos positivos. Existe, por tanto, una discrepancia entre las conclusiones del investigador y la versión oficial chilena.

Lo que sí evidencia el seguimiento de la flota es la creciente importancia de los puertos chilenos para sostener sus operaciones. Las 123 escalas contabilizadas hasta agosto permiten a los barcos realizar tareas de abastecimiento, mantenimiento y otros servicios sin necesidad de regresar a sus puertos de origen. La situación ha provocado críticas entre organizaciones de pescadores artesanales chilenos dedicados a la jibia, que cuestionan que el país proporcione soporte a una flota extranjera que explota en alta mar el mismo recurso del que dependen numerosas comunidades pesqueras nacionales.

El cambio en el mapa logístico está relacionado también con Perú. Desde 2024, la flota china dejó de utilizar regularmente sus puertos después del reforzamiento de los requisitos aplicables a los pesqueros extranjeros, entre ellos las exigencias relacionadas con los sistemas de seguimiento satelital. Parte de la demanda logística se habría desplazado desde entonces hacia Chile. La circunstancia presenta una particularidad comercial: China continúa siendo un mercado relevante para las exportaciones peruanas de pota y, al mismo tiempo, mantiene una enorme capacidad extractiva propia sobre el recurso en aguas internacionales.

La investigación llama asimismo la atención sobre los antecedentes de algunos barcos atendidos en Chile. Entre ellos figura el Fu Yuan Yu 7631, anteriormente denominado Fu Yuan Yu 873, que recaló en Iquique el 10 de agosto y que había sido interceptado y sancionado en Argentina en 2013 por infracciones pesqueras. También se cita al Fu Yuan Yu 7638, anteriormente Fu Yuan Yu 981, que entró en Arica el 5 de agosto y cuyo historial ha sido relacionado con fallecimientos de tripulantes que presentaron síntomas compatibles con beriberi. Estos antecedentes añaden al debate pesquero cuestiones relacionadas con el control portuario y las condiciones laborales a bordo de determinadas unidades de la flota de aguas distantes.

La información consigna que el crecimiento del esfuerzo sobre el calamar gigante ha llegado además a un momento decisivo para su gestión internacional. En la reunión de la Comisión de la SPRFMO celebrada en marzo de 2026 se acordó reducir el límite de esfuerzo autorizado en el área de la Convención. También se encargó al grupo de trabajo sobre calamar avanzar en una evaluación del stock y preparar una recomendación de cuota de captura u otra medida de conservación para que pueda ser considerada por la Comisión en 2027. El caso chileno muestra, finalmente, que la discusión sobre la pota ya no se limita al volumen capturado. Acceso a los puertos, trazabilidad, sistemas de seguimiento, inspecciones, condiciones laborales, control de las operaciones en alta mar y capacidad pesquera forman parte de un mismo problema de gobernanza. Con más de 400 poteros chinos operando en el Pacífico Sudoriental y Chile convertido en su principal apoyo logístico regional, las decisiones que adopte la SPRFMO sobre el calamar gigante tendrán consecuencias tanto para las flotas de aguas distantes como para Perú, Chile y Ecuador y sus sectores pesqueros dependientes de este recurso.

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