Un informe reciente del Congreso de Estados Unidos advierte que la flota china de pesca de aguas distantes -distant-water fishing- (DWF) se ha convertido en una herramienta estratégica de proyección de poder, con graves consecuencias para la seguridad nacional, la economía global, los derechos humanos y el medioambiente, especialmente en América Latina, donde se identifican ‘zonas críticas’. Allí se detallan varios ‘puntos calientes’, entre ellos, el “Agujero Azul” de Argentina (lo que conocemos con milla 201), donde flotas masivas operan justo fuera de la ZEE, afectando poblaciones de calamar.
El documento al que accedió PARTE DE PESCA, elaborado por comités especializados de la Cámara de Representantes, entre ellos, el Comité de Seguridad Nacional, fechado en Enero 2026, sostiene que China ha integrado su flota pesquera dentro de una estrategia geopolítica de largo plazo orientada a expandir su influencia marítima, asegurar recursos alimentarios y dominar las cadenas globales de suministro de productos del mar.
EL 44 % DEL ESFUERZO PESQUERO MUNDIAL
Según el informe, China controla una flota de entre 2.000 y 16.000 embarcaciones, dependiendo de si se incluyen buques con banderas extranjeras y naves asociadas a milicias marítimas. En conjunto, estas embarcaciones representan aproximadamente el 44 % del esfuerzo pesquero mundial, una proporción sin precedentes para un solo país.
A diferencia de otras flotas internacionales, la china opera gracias a una red logística global compuesta por buques frigoríficos, petroleros, plantas de procesamiento y puertos en el extranjero, lo que permite que muchas naves permanezcan años enteros en alta mar sin regresar a China.
Para el Congreso estadounidense, esta arquitectura elimina las limitaciones tradicionales de distancia y control, y permite a Beijing mantener una presencia marítima persistente en más de 90 países y zonas de alta mar.
DE LA PESCA A LA GEOPOLÍTICA
Por otro lado, el informe considera que la expansión pesquera china no puede entenderse de forma aislada. Afirman que forma parte de la estrategia del Partido Comunista Chino (PCCh) de convertir al país en una “gran potencia marítima”, un objetivo directamente vinculado al proyecto de rejuvenecimiento nacional impulsado por el presidente Xi Jinping.
En este marco, las embarcaciones pesqueras cumplen funciones que van más allá de la captura de alimentos. Operan como plataformas de presencia, presión diplomática y recopilación de información, en coordinación con la Guardia Costera china y la Armada del Ejército Popular de Liberación.
Esta combinación permite a China actuar en una zona gris, avanzando intereses estratégicos sin desplegar directamente buques militares, lo que dificulta la respuesta de otros Estados bajo el derecho internacional.
SUBSIDIOS Y CONTROL DEL MERCADO MUNDIAL
Uno de los pilares de esta estrategia es el apoyo financiero del Estado chino. El informe estima que los subsidios a la pesca superan los 7.200 millones de dólares anuales, lo que permite a las empresas chinas operar con costos artificialmente bajos y vender pescado por debajo del precio de mercado.
Este respaldo ha facilitado el dominio chino del procesamiento mundial de productos del mar. En la práctica, una gran parte del pescado capturado en África, América Latina o incluso en aguas estadounidenses termina siendo procesado en China antes de llegar a los mercados internacionales.
Para Washington, esta concentración otorga a Beijing un poder significativo sobre precios, flujos comerciales y cadenas de suministro, y genera una dependencia estructural en países importadores, incluido Estados Unidos, que compra en el exterior más del 80% de los productos del mar que consume.
PÉRDIDAS ECONÓMICAS PARA AMÉRICA LATINA
Asimismo, el informe identifica a América Latina como uno de los principales escenarios de la ofensiva pesquera china. Las pérdidas económicas en Centroamérica y Sudamérica superan los 1.000 millones de dólares anuales, debido al agotamiento de poblaciones pesqueras, la caída de precios locales y la pérdida de empleos e ingresos fiscales.
Las zonas más afectadas incluyen el Agujero Azul frente a Argentina, el corredor Perú–Ecuador–Chile —una de las áreas marinas más productivas del planeta— y el entorno de las islas Galápagos, considerado un punto crítico para la biodiversidad global.
El Congreso norteamericano describe patrones recurrentes de comportamiento: flotas masivas operando en los límites de las zonas económicas exclusivas, apagado deliberado de sistemas de identificación, transbordos en alta mar y retiradas coordinadas ante presión diplomática, seguidas de reapariciones en zonas adyacentes.
Para los legisladores estadounidenses, estas prácticas erosionan la capacidad de los Estados costeros para ejercer soberanía efectiva sobre sus recursos marinos.
TRABAJO FORZOSO Y ABUSOS LABORALES
En otro tramo, el informe dedica un capítulo completo a las violaciones de derechos humanos asociadas a la flota china de pesca de aguas distantes. Investigaciones citadas documentan casos de trabajo forzoso, servidumbre por deudas, retención de pasaportes, violencia y muertes en el mar.
Las víctimas suelen ser trabajadores migrantes reclutados en países del sudeste asiático y África, que enfrentan condiciones de aislamiento extremo y carecen de mecanismos efectivos de protección o denuncia.
El Congreso de Estados Unidos concluye que estos abusos no son incidentes aislados, sino consecuencia directa de un modelo económico respaldado por el Estado chino, que prioriza costos bajos y producción masiva.
DAÑO AMBIENTAL DE GRAN ESCALA
En el plano ambiental, el informe atribuye a la flota china algunos de los episodios más graves de degradación marina documentados en las últimas décadas. Entre ellos figuran la destrucción de más de 100 kilómetros cuadrados de arrecifes de coral, el uso de artes de pesca prohibidas y la sobreexplotación de especies clave.
Estos impactos, advierte el documento, comprometen la seguridad alimentaria futura y la estabilidad económica de comunidades costeras en múltiples regiones del mundo.
UN GIRO ESTRATÉGICO DE WASHINGTON
Ante el actual escenario geopolítico global, el Congreso de Estados Unidos plantea un cambio de paradigma, y propone un rápido abordaje. La pesca china de aguas distantes deja de ser considerada un problema regulatorio y pasa a ser tratada como un desafío estratégico de competencia entre Estados.
Entre las recomendaciones figuran:
- Ampliar la presencia de la Guardia Costera de Estados Unidos en regiones clave, especialmente en América Latina y el Pacífico.
- Incentivar el procesamiento fuera de China, tanto en Estados Unidos como en países aliados.
- Fortalecer los controles en puertos
- Restringir importaciones vinculadas al trabajo forzoso
- Diversificar las cadenas de suministro fuera de China
- Impulsar asociaciones regionales (especialmente en América Latina)
- Crear nuevas facultades para atacar sistemas INDNR dirigidos por Estados
UN DESAFÍO GLOBAL DE LARGO PLAZO
Con todo, el extenso informe concluye que la flota china de pesca de aguas distantes representa una amenaza multidimensional: económica, ambiental, humanitaria y geopolítica. Para el Congreso estadounidense, su expansión refleja una forma de competencia que no se libra solo con armas o comercio, sino también a través del control de los océanos y los alimentos. “La pesca”, sostiene el documento, “se ha convertido en una de las principales fronteras de la competencia estratégica global”.
